¿Bajo qué tipo de mirada queremos vivir?

Ante la disyuntiva de estar o no estar en redes sociales, hoy en día no parece existir duda alguna, especialmente para determinados profesionales. Estar, hay que estar, y hay que saber estar y querer cómo se quiere estar. Dejando de lado la importancia indudable que tiene para las empresas participar en los medios sociales, a nivel individual la web 2.0 nos pone por delante una serie de posibilidades infinitas de llegar a despachos en los que nunca soñamos entrar y conocer a personas de cuya existencia ni siquiera sabíamos.

La marca personal, de la que hace una década apenas se había escuchado nada, está a la orden del día y todos queremos dejar, de una u otra manera, nuestra impronta en la red y dejar rastro en todo cuanto decimos y hacemos en Internet. Sea como fuere, lo que nunca conseguiremos, ni deberíamos pretender hacerlo, es aparecer en el universo digital como lo que no somos en la realidad, por lo que de alienación conllevaría. Cada persona es un mundo, como reza el dicho, es única e irrepetible y en esa singularidad está también la manera de actuar en redes sociales.

Lo que es común a todos nosotros, especialmente en el actual contexto económico –escasas oportunidades para numerosos demandantes-, es la necesidad de ver y ser vistos, de conocer y ser conocidos, de aprender y enseñar, de escuchar y ser escuchados, de mirar y que nos miren…

Y  es que TODOS NECESITAMOS QUE ALGUIEN NOS MIRE y según el tipo de mriada bajo el cual queremos vivir os invito a reflexionar desde este vuestro blog sobre las cuatro categorías en las que, según Milan Kundera en la más que recomendable ‘La insoportable levedad del ser’, podríamos dividirnos las personas:

la insoportable levedad del ser“La primera categoría anhela la mirada de una cantidad infinita de ojos anónimos, o dicho de otro modo, la mirada del público.

La segunda categoría la forman los que necesitan para vivir la mirada de muchos ojos conocidos. Son los incansables organizadores de cócteles y cenas. Son más felices que las personas de la primera categoría, quienes, cuando pierden a su público, tienen la sensación de que en el salón de su vida se ha apagado la luz. A casi todos ellos les sucede esto alguna vez. En cambio, las personas de la segunda categoría siempre consiguen alguna de esas miradas.

Luego está la tercera categoría, los que necesitan de la mirada de la persona amada. Su situación es igual de peligrosa que la de los de la primera categoría. Alguna vez se cerrarán los ojos de la persona amada y en el salón se hará la oscuridad.

y también está la cuarta categoría, la más preciada, la de quienes viven bajo la mirada imaginaria de personas ausentes. Son los soñadores. “

@maria_sanchez81

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